Ahogado… en mis propios pensamientos

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En una de tantas charlas en la que parece que nada tiene sentido, se hace paso dentro de mis pensamientos, dándome quizás sin darse cuenta el consejo adecuado.

– ¿Sabías que cuando te estás ahogando, no abrías la boca hasta el último segundo en el que llegas a desmayarte? Se llama apnea voluntaria. Es como si no importara que tan aterrorizante te pongas debajo del agua, tu instinto no dejará entrar agua en tu boca hasta que no sientas que la cabeza te va a explotar. Pero cuando finalmente tu instinto deja el agua entrar, ahí es cuando todo deja de doler. De cierta manera, se comienza a sentir paz.

– ¿Estás bien? – interrumpió mi monologo

– A parte de dormir mal, los sobresaltos, la sensación de estar bajo constante presión y el estar esperando que algo terrible pase, estoy bien.

– Eso se llama hiperventilar, la sensación de estar bajo presión constante – tomó un sorbo de su latita de cerveza y volvió a apoyarla en la mesa
– Es el agua que inunda mi mente. Pero no, no es solo eso. Es como un ataque de pánico. Como si a veces no pudiera ni respirar – seguí explicándole.

Él estaba recostado sobre la silla, con las piernas estiradas y con la mirada hacía le techo. Estaba escuchando atentamente y parecía mirar al techo como revolviendo en su propia mente para analizar cada palabra que yo le decía y buscar las palabras adecuadas para responderme.

– ¿Como si te estuvieras ahogando? – preguntó después de pensar unos segundos
– Sí.
– Así que si te estás ahogando y no dejas entrar el agua hasta el último momento, ¿Qué pasaría si elegís no abrir la boca? No dejar pasar el agua – sacó una situación de mi propia explicación inicial de la apnea voluntaria
– Es un reflejo. Lo harías igualmente
– Pero si soportas hasta el último segundo, hasta que el reflejo se active, ¿tendrías más tiempo, verdad?

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– No mucho más..
– ¿Pero sí más tiempo para encontrar la manera de llegar a la superficie?
– Supongo.
– ¿Más tiempo para ser rescatado?
– Más tiempo para estar en agonizante dolor. Y te estás olvidando de la parte en la que sentís que te va a explotar la cabeza.
– Pero si es para sobrevivir, ¿no vale la pena un poco de agonía?
– ¿Y si se pone peor? ¿Qué pasaría si ahora es agonía y después… el infierno?
–  Entonces tenés que tener en claro algo… “Si vas por el infierno, mejor seguir yendo.”