Condenados

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Un dulce niño es llamado, con miedo va al encuentro de la voz. Pero no se da cuenta, esa voz es de un monstruo que pronuncia su nombre desde lejanas tierras, más allá del entendimiento.

Esa voz es similar a la suya, es su lado oscuro llamándolo. Un alma condenada a vivir la soledad, aunque realmente no está solo.

Tiene miles de almas mortales para su vergonzoso apetito. El niño no tiene un cuento de hadas para dormir y, está vez, la soledad le duele como un infierno.

¿Qué hace la gente cuando la soledad duele demasiado? ¿Recurren a amigos o familiares? Esa no es una opción.

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Pobre niño, tan oscuro pero amoroso a la vez, y no tiene nadie a quien mostrarle ese lado amoroso. Entonces solo es un lobo que se vestirá de blanco para traicionar a una oveja. La sociedad lo condena, él condena a la sociedad.

Esto es lo que es, un niño de corazón helado, un inocente lobo en el rebaño, listo para destruir, un alma tan herida, tan sola. Llora y lo único que logra para calmar el dolor, es drogarse. Drogarse con la sangre de sus víctimas.

Lo quisieron convertir en alimento de cerdos y los volvió en su contra, lo dieron como alimento de serpientes y él solo bebió su veneno, para conseguir más poder. Lo dejaron a su suerte, en un frondoso bosque helado y lo escucharon aullar con los lobos.

Y esto es todo lo que es: un niño condenado en una sociedad condenada por sí mismo. Un paraíso embrujado, embrujado de miedo.