El Sendero Del Medio

separator

Tomo el sendero del medio, ese que corta el campo a la mitad. Miro a lo lejos y veo el sol despedirse, nubes de lluvia vienen a jugar. Sigo caminando, pienso en los meses que vendrán, a pesar de estar tan alejado de todo. Me dejo caer en el pasto para ver las nubes y sentir la fresca brisa.

Un grupo de animales pastean cerca, algunos se me acercan a chusmear… hay una preocupación en el aire, me comentan que la señora lluvia no los ha visitado en mucho tiempo y que están deseosos de que lo haga. Sigo caminando, veo en el horizonte la vieja represa, unos minutos después estoy en sus orillas, más altas de lo normal. Me quedo un rato, observo al viento rozar las aguas calmadas que sucumben en pequeñas olas. El viento toma fuerza y decido continuar.

Escucho un suave silbido, si era originario de esos lugares, me hubiera asustado pensando en el “pomberito”… pero yo no. Voltee hacía atrás y la veo, algo agitada tratando de alcanzarme. No somos muy oficiales con lo “nuestro” y hace poco tiempo que estamos juntos, pero igual decidió acompañarme. Simplemente me miró a los ojos y me agarró la mano, para continuar caminando.

 

Escuchamos el galopar de algunos caballos, eran los capataces encerrando los terneros, se ofrecieron a llevarnos a la estancia, pero quisimos seguir caminando… en realidad, a ella le asustan los caballos pero no dijimos nada. El cantar de los gallos era cada vez más cercano, por lo que ya estábamos cerca. El cielo se veía atemorizante, relámpagos y truenos comenzaron a surcar los cielos.

No tardó en caer la lluvia, la tan esperada. Corrimos por momentos para descansar por otros en los aislados palmares. Cruzamos la tranquera, con mucho cuidado de no tocar el pateador, o nos llevaríamos un mal recuerdo. ¡Habíamos llegado! Todos en la estancia se veían alegres y no era para menos, todos estaban alrededor de la mesa, tomando mate dulce y con torta fritas para acompañar, nos secamos, cambiamos y nos unimos al festejo.-