Junto a mí

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NOTA: Este relato puede contener escenas fuertes (?) que en un medio tradicional se catalogaría como “+18”; pero yo le digo “+14” porque hoy en día, la sociedad está muy depravada xD

Soy escritor, y aún así no siempre logro encontrar las palabras adecuadas para definir sensaciones, emociones, estados de ánimo, placeres, molestias, dolores, etc.

Generalmente, si le doy muchas vueltas a una idea, logro encontrar las palabras. Pero con vos, jamás puedo encontrar las palabras adecuadas. Tú me dejas sin palabras.

Te encuentro…

Mi pobre alma lucha consigo misma para encontrarte y enviarte caricias en silencios. No sé describir lo que siento cuando te apareces sin ser nombrada.

Nos miramos a través del monitor, a través del celular, en cada palabra quiero entregarte todas las enormes sensaciones que me haces sentir cuando estoy con vos.

Es como un monstruo interior queriendo escaparse. La única salida que encuentra es mi mano, mis dedos, primero para escribirte y segundo para acariciarte.

Te veo y a medida que me voy acercando, puedo sentir la excitación en cada latido. Se emociona porque está a punto de descubrirte.

1

Te siento…

Te siento desnuda, tus manos acarician mis hombros y tus cálidos labios empiezan a recorrer mi nuca, besándola. Me hablas al oído y me pides que no me mueva, que no me gire a verte, que simplemente te deje darme placer.

Tu cuerpo pegado a mi espalda y nuestras respiraciones aceleradas. Me susurras al oído esas palabras tan sugerentes que me encanta oír. Tus manos bajan despacio por mi pecho, acariciándome. Suben para quitarme la camisa y dejar mi torso desnudo.

¿Para qué deteneros ahí? Nos sacamos todo. No quiero obstáculos entre tu piel y la mía.

Apoyas tus pechos en mi espalda para sentir el calor de mi cuerpo. Estás buscando un abrigo y yo puedo dártelo. Mi cuerpo está sediento de ti y un escalofrío de deseo me recorre el cuerpo al sentir tus labios en mi cuello.

Me tomas de los brazos y me volteas pegándome a ti.

2

Te toco…

Sé que cuando me miraste a los ojos, leíste que no te estaba pidiendo nada. Solo quería ese momento para nosotros, para conectarnos con el deseo y ser uno.

Me dejo llevar por el instinto. Todo mi cuerpo estaba gritando “¡Tócame!”.

Te sientas encima de mis piernas. Quiero sentirte entrelazada a mí, aferrándote fuertemente. Tus manos recorren todo mi cuerpo, de punta a punta, seguís la forma de cada parte. Tus dedos en mis labios delinean mi boca.

Puedo sentir entre tus dedos la excitación del momento. Caricias improvisadas y anheladas por mucho tiempo. Te miro fijamente a los ojos y te transmito toda la pasión.

Te beso…

Y por primera vez en toda la noche, te beso en los labios. Primero los rozo levemente, te siento recorrer poco a poco el contorno de mi boca con la punta de tu lengua. Tiernos, jugosos, húmedos. Te está invitando a entrar, guiados por el deseo.

Primero tímida, después violenta. Me da un nuevo escalofrío al sentir tu calor, tu saliva, tu sabor. Todo el deseo personificado en el acto. Te siento temblar pero sé que no es de frío, es de deseo.

3

Te abrazo…

No quiero que nada me separe de tu cuerpo, te envuelvo con mis brazos acercándome más y más a ti. Tus piernas envueltas en mi cintura, mi aliento en tu cuello, tu pecho unido al mío, tan atados que pareciera que formamos un nuevo cuerpo, único e individual. Todos los sentidos se desbordan y no quiero soltarte hasta llenarme de ti.

Ámame…

Nuestros cuerpos comienzan a dejarse llevar por el ritmo de las sensaciones. Muerdo mis propios labios mirándote con deseo. Agarro tus manos y las acompaño al interior, bajando suavemente, sabes lo que te estoy pidiendo. Las abandono a mitad de camino para que sigan solas su recorrido.

Casi exploto de placer al sentirte llegar. Tus hábiles manos deslizándose por todo mi sexo. Yo también guio mis manos hasta llegar a ti. Tus gemidos entran en mi boca y muerdo tus labios para capturar cada suspiro de placer.

Te deseo…

No resisto más, quiero estar dentro de ti. Quiero sentirme allí adentro. Te recuestas y yo encima de ti, tu cuerpo me invita, se ofrece, se entrega a mí. Mis manos en tus caderas y busco explotarte dentro. Sé que puedes sentirme latiendo dentro de ti.

El rítmico movimiento se convierte en algo demoledor. Cada vez intento ir más dentro. Los gemidos van aumentando. Sé que te estoy volviendo loca, vos me estás volviendo loco.

Arqueas la espalda, los jadeos son cada vez más prominentes. El ritmo es salvaje, bestial, el monstruo de mi interior encontró otro lugar por donde escaparse. Quiero saciarme de vos.

Nos detenemos un segundo. Nos besamos. Volvemos a pegar nuestros cuerpos, a sentirnos, calientes, sedientos, mojados de mí, de vos, de nosotros.

Te relajo…

Te arrodillas delante de mí y no hace falta aclarar nada. Tu lengua baja despacio por mi pecho y no se detiene hasta el final. Tus dedos también quieren entrar en mí y los dejé entrar en un éxtasis inigualable.

No te dejo de mirar. Me deleito con cada sensación. Mi cuerpo se tensa y sabes perfectamente lo que viene a continuación, pero te detienes. Te levantas y me empujas de espalda a la cama, me recuesto y te sientas sobre mí.

4

Vuelvo a estar dentro de ti. El ritmo acelerado y los gemidos de placer van en aumento, anunciando un final cercano. Pareciera que estuviéramos bailando una danza de fuego que me derrite por dentro.

Comienzo a sentirte venir y me vengo con vos. Nuestro instinto animal fue saciado. “Se te ve bien el placer”, me susurras sonriendo.

Te vuelvo a besar…

Con la respiración entrecortada, tu boca sabe a vicio. Mezclamos nuestros placeres y tu lengua furiosa lucha con la mía, es una guerra de lujuria, pasión y deseo.

Te sueño…

Las mejores citas son las que se concretan sin planearlo. Encuentros que se pactan con el silencio. Todos los días los podemos hacer. Todas las noches.

Cuando te veo vestirte, cuando te veo atravesar mi puerta y correr al ascensor, sé que estás nerviosa. Pero te ves tan tierna que no te impido nada, porque cuando te vas, cada vez que te vas, renuevo las ganas de verte y las ganas de volverte a amar como si nunca nos hubiésemos amado.

5

Tal vez todo sea un sueño, pero llegué a ti. Llegamos a nosotros. Sé que encontraste en mí, el aliento en las orillas de mis labios, yo encontré en ti las fuerzas después de estar naufragando por la nada. Desearía que la noche sea más lenta, más larga, que las estrellas estén encendidas toda la eternidad, solamente para nosotros.

Eres la cómplice de mis noches y en cada “te quiero” nos perdemos en el silencio de nuestras respiraciones, en el sonido de nuestros cuerpos al juntarse y convertirse en uno.

De tan solo recordarte, vuelve a nacer en mí, más y más las ganas de vos. Ven a mí.

Sonrío cerrando los ojos. Es una sensación que me satisface, que me llena, que me invade por dentro. Y siento, que en mis sueños yo te tuve. Cierro los ojos, y siempre estarás junto a mí.