Te mentí un par de veces

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No puedo escribir. Todas las cosas que quiero decirte, creo que ya te las escribí. Aunque estoy seguro que jamás llegaras a leerlas. Te mentí un par de veces, argumentaba que todo estaba bien, cuando por dentro me habitaba un monstruo alimentándose de la poca tranquilidad que me quedaba.

Te dije que aceptaría cualquier decisión, cuando sólo quería que estuvieras más cerca, que me acompañaras en bici hasta casa, y te quedaras a dormir, de nuevo. Dormir, abrazarte fuerte fuerte creyendo que podemos ser uno. Y ser uno finalmente. Te mentí, un par de veces, quiero que te quedes conmigo, explicarte que no voy a dejar que te falte nada.

Golpearon la puerta, suena el teléfono, llegan correos electrónicos, y los impuestos se acumulan en la puerta de entrada. Los gatos se escapan por la ventana abierta de mi cuarto, abierta, para que entre el aire de otoño que me tranquiliza mientras vos no estás. Me siento a esperarte en la ventana, a esperarte, como te dije que iba a hacer.

Hace frío, dicen. Es hora de sacar las frazadas del placard, de dejar de mirar el agujero que nos absorbe, de armar uno para pasar la noche, de andar en bici con guantes y capucha, de sacar fotos cuando el Sol no quema, tardes nubladas. San Telmo por la noche parece tener tonos sepia, luces artificiales. Ciudad diseñada para hacernos sentir cosas que no están. Yo te espero, pedaleando. O escribiendo, encerrado en mi cuarto. A veces, una canción nos hace sentir mejor. O nos engañamos proponiéndonos objetivos ficticios, tener un auto, una cámara, comprar ropa. Toda esa lista de cosas que sólo nos alejan de quienes realmente somos. Y de quienes queremos.

Que seas feliz, es lo que más quiero, y nada me importa a costa de eso.