Un caluroso viernes de octubre

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Está comenzando a amanecer, puedo ver la claridad atreves de mis parpados cerrados. Sé que algo no esta bien, pero por alguna razón no puedo abrir mis ojos y mis músculos no responden. Lo único que logro es escuchar gotas de agua caer sobre el suelo, haciendo un ruido tan fuerte como un tambor… rat tat tat tat tat…

1

Entiendo que estoy sobre una cama, la sensación es que no estoy en un lugar que conozca, o al menos que recuerde. Una leve brisa me acaricia el pecho, estoy sin remera, debe haber alguna ventana abierta. Tengo un pequeño dolor de cabeza y un gusto raro en la boca, aunque me parecía exquisito.

Flashes de recuerdos dan vueltas en mi cabeza, miles de imágenes nadan en mi subconsciente y están queriendo escaparse…

La noche anterior había estado en mi departamento totalmente solo, dispuesto a mirar algunas series, escuchar música, tomar fernet y dormir. Pero a eso de las 23,30 hrs comenzaron a llegar mensajes de invitaciones a salir. No me decidía por ninguna, estaba dudando si realmente quería salir o no.

2

Hasta que llegó el sms de ÉL. Él es uno de los tantos conocidos que trabaja donde yo trabajo pero no es un coworker. A penas lo conozco, y aún así no sé por qué me sedujo más su propuesta que la del resto.

Previa de a dos. Llegó casi a las 1 am. Trajo consigo bebidas, nos pusimos a mirar videos sin sentido en YouTube. A eso de las tres nos decidimos a salir. Un boliche cercano y ver qué podía pasar allí. Antes de entrar a bañarme…

– ¿Qué te vas a poner? – me preguntó

– Lo primero que encuentre – respondí extrañado

– ¡Nah! A ver…

Abrió el ropero de par en par y comenzó a revolver entre remeras y pantalones. “Esto no, esto tampoco, este puede ser, mmm”. Me eligió la ropa. Quedé incomodado pero no me importó porque eligió la que iba a elegir yo. Ponele.

3

El lugar ya estaba lleno de gente. El calor se soportaba. Conocidos aquí, conocidas allá. Nos mezclamos con un grupo de amigos, pero sin perdernos de vista. Allí estaba la nueva coworker, que me había estado sonriendo más de lo normal últimamente. Algo me dijo que está era la oportunidad de ver qué realmente pasaba. La invité a bailar.

4

Los vasos pasaban de mano en mano. Los movimientos eran cada vez más subidos de tono. Me besó, la besé y el grito de festejo de todos se hizo escuchar. De repente, él me tomó del brazo y me llevo a un rincón. Me habló al oído y me dijo que nos íbamos con ella y una amiga más a otro lado. Me dio un sorbo de su vaso que me pareció asqueroso. No tenía idea de qué era…

Ahí comencé a comprender la situación. Estaba en el departamento de coworker, estaba en su cama, las gotas que escuchaba eran de su sangre. Abrí los ojos y observé mi realidad. Allí estaba ella tumbada boca abajo, su brazo ensangrentado colgaba a un costado de la cama. Pasé mi lengua por mis labios y aún tenía restos de su sangre.

5

“Por fin te levantas”, me dijo él desde un rincón. “Vamos, te llevo a tu casa”. Esa noche me olvidé del amor, me olvidé de sentir, esa noche me había dejado caer, esa noche volví a perder el control… solo que esta vez la víctima no fui yo.