Un sin sentido que alegra

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Me desperté a las 5 de la mañana. Un domingo que sabía sería embolante, fue caluroso, pesado, agobiante, y mis propios compañeros no ayudaban en nada para cambiar esa situación. Me encerré en mi mismo, como suelo hacerlo cuando ya no veo la solución en mi entorno.

Pasé así el mayor tiempo posible. Llega la noche, y el movimiento típico de un día domingo, se termina. Encima eran las 1 am de un lunes feriado, el movimiento de gente era mínimo. Siguió sonando el tic tac tic tac…

Estuve pensando en toda la situación de los últimos días, que protestas aquí, protestas allá, en esa sanción, en lo que dicen, en la nueva pelea con no-novia, en la pelea con ex, en una acusación que hice sin sentido por estar dolido … y tantas cosas nadaban en mi mente, que yo solo me estaba ahogando.

Me cagaron tantas veces, que siempre termino pensando lo peor. No confío fácilmente en nadie. Se me vino a la mente la canción Gomenasai de las ya desaparecidas T.A.T.U, en frases como:

  • Cuando quería llorar, no pude porque no lo tenía permitido.
  • Nunca había necesitado tanto un amigo, como lo hago ahora.
  • Cuando quería llamarte, y pedirte ayuda, me detuve a mi mismo.
  • Cuando quería contarte que cometí un error, me aleje.

Pero en la que más pensaba era en el título de la canción

  • “Perdóname”, por todo. “Perdóname”, yo sé que te defraudé.

Mi turno de apostada. Me fui alejando un poco del resto. Estaba lagrimeando, cuando veo un vehículo acercarse, uno que no suelo diferenciar del resto porque no me interesa, no es tuyo, pero voy a empezar a hacerlo. Te vi llegar con la ventanilla baja, me sequé como pude disimuladamente las lágrimas.

Me miraste a los ojos por unos segundos y sé que te diste cuenta, pero no quisiste decir nada, fui yo el que te preguntó cómo estabas y te limitaste a responder con un “Bien” pasándome la mano. Me hiciste una pregunta bastante descolocada, no tenía nada que ver con la situación. Por primera vez, en todo el día, no sonreí falsamente, esta vez la sonrisa era real. Me devolviste otra sonrisa. Y hablamos del sin sentido un rato.

Quizás no te diste cuenta, pero fue lo que estaba necesitando en ese momento.